El Poder y la Grandeza Mexica
Durante los últimos años del siglo XIII de nuestra era, los pueblos que se habían asentado en el Altiplano Central Mexicano -después del abandono de Tula- muestran un proceso de florecimiento político y cultural; se producen entonces numerosos testimonios de un ideal pan-mesoamericano, integrado esencialmente por mitos, deidades y cultos religiosos comunes. Los diversos señoríos que se consolidaron en aquel tiempo buscaron su identidad a través de estilos artísticos cuyo lenguaje visual les diera un reconocimiento comunitario. Este proceso se inició con el predominio de Culhuacán y Tenayuca, al cual seguiría una sucesión de grupos conocidos en las crónicas históricas como de habla náhuatl o “tribus nahuatlacas”, cuyo origen se dio en el mítico Aztlán-Chicomóztoc; se trataba de xochimilcas, tlahuicas, tlaxcaltecas, huexotzincas, tepanecas y acolhuas, y los matlatzincas, que hablaban otra lengua.
Los arqueólogos han definido a esta época como Posclásico Tardío (1300-1521 d.C.), caracterizada por la predominancia del militarismo en todos los aspectos de la vida. Las deidades principales patrocinan las conquistas guerreras; los ritos más importantes giran en torno a la captura de prisioneros, y el sacrificio humano se transforma en el eje rector de la parafernalia cotidiana. La organización política y social se estructuró a partir de jerarquías militares, compuestas por hombres jóvenes que se habían destacado por su fiereza, valentía y belicosi-dad. De igual manera, las expresiones plásticas de la época insisten en los valores iconográficos relacionados con esta actividad guerrera.
Es en este contexto donde se hicieron presentes los mexicas, conocidos también en los textos como aztecas ó tenochcas. Este pueblo, que fundó su ciudad capital, México-Tenochtitlán, en el año 2 Casa (1325 d.C.), se confrontó inmediatamente con sus vecinos, logró alianzas y venció a sus enemigos.
Para mediados del siglo XV se puede hablar del mundo mexica, por el predominio de este grupo en gran parte de Mesoamérica, en donde impuso sus ideales religiosos, militares y políticos.
Piezas

Xiucoatl
El Xiuhcóatl, conocido como la serpiente de fuego, es un arma y símbolo sagrado en la cultura mexica. Representaba la energía del sol, el calor y el poder divino. Se asociaba especialmente con Huitzilopochtli, quien la utilizaba como arma para vencer a la oscuridad. Su forma suele mostrarse como una serpiente estilizada con cuerpo segmentado y fuego enroscándose a lo largo de ella.

Serpiente Anudada
La serpiente tenía diversas asociaciones simbólicas sobrenaturales en la cosmovisión mexica. Sus movimientos rápidos y ondulantes relacionaban su imagen con el agua corriente, con la sangre y con el rayo, por lo que era un símbolo de fertilidad, y el cambio de piel característico de este reptil
funcionaba como una metáfora de renovación y transformación de la tierra.
Basalto de olivino
Procedencia: Altiplano Central

Xochipilli
Xochipilli, cuyo nombre significa “Príncipe de las Flores”, es el dios mexica del arte, la música, la danza, la belleza y el placer. También se relaciona con el maíz joven y con diversas flores asociadas a lo sagrado. Suele representarse en posición sedente, con el cuerpo cubierto de símbolos florales, evocando éxtasis, creatividad y conexión espiritual.