La Civilización Maya
La antigua civilización maya, desarrollada en un arco de tiempo de más de dos mil años, desplegó su cultura en un territorio de casi 400 mil kilómetros cuadrados y fue, por su creatividad artística y científica, una de las más notables y complejas del mundo mesoamericano. Logró establecerse en un medio ambiente diverso, compuesto lo mismo por altas zonas montañosas que por regiones selvaticas y extensos litorales, variedad natural que enmarcó a una cultura igualmente multifacética que aún hoy nos asombra, en buena medida gracias a las líneas de continuidad presentes en los diferentes pueblos mayas que actualmente habitan la geogralia del sureste mexicano, Guatemala, Honduras, Belice, El Salvador y que conservan con orgullo su lengua, creencias y costumbres.
Esta sala resguarda una importante colección de piezas de las ancestrales comunidades mayas, que nos permite apreciar diferentes etapas y escenarios de su historia y su visión del mundo. Aquí se encontrarán testimonios de su vida cotidiana, de su organización política y social, así como de su sabiduría, sus costumbres y tradiciones en torno al comercio y su pensamiento bélico, además de evidencias materiales del profundo sentido religioso que albergó numerosas prácticas rituales y definió simultáneamente, con paciencia y persistencia, los rasgos y el significado de su arquitectura y su arte.
También el visitante tendrá frente a sí los vestigios de una escritura que en su entramado encierra los secretos de la memoria comunitaria y el tiempo.
Gracias a la extraordinaria tarea de rescate y estudio de arqueólogos, historiadores, etnólogos, antropólogos físicos y sociales, al igual que de epigrafistas, lingüistas y restauradores, entre otros especialistas, se ha delineado un perfil cada vez más preciso y profundo de esta milenaria civilización que, con su originalidad, forma parte fundamental de la cultura mexicana.


Arquitectura Maya
CHAC-MOOL
Se cree que este personaje, cuyo nombre significa Garra Roja. Era un mensajero o intermediario entre el hombre y los dioses. Encargado de llevar a las deidades las ofrendas que se le colocaban en la cavidad abdominal. Al igual que los Atiantes, esta figura muestra una combinación de rasgos de varías culturas mesoamericanas
Época: Posclásico Temprano (900-1250 d.C.)
Procedencia: Chichen Itzá, Yucatán
Tablero del Templo de la Luz
Los antiguos habitantes de Palenque construyeron tres templos para el culto de las deidades tutelares de la ciudad: el Templo de la Cruz, dedicado al Dios Sol Celeste; el Templo de la Cruz Foliada, dedicado al Dios K’awiil; y el Templo del Sol, dedicado al Dios Escudo del Señor del Rostro Solar. Cada uno posee un santuario, sitio donde residía el dios; se consideraba un baño de vapor simbólico y muy pocas personas tenían acceso a él. En su interior había tableros esculpidos en piedra caliza, una de sus especialidades artísticas, como este que procede del templo principal, dedicado al Dios Sol Celeste.
Se conoce como Tablero de la Cruz, por el elemento central que representa la ceiba mítica del centro del universo, que nace de un mascarón del monstruo de la tierra; sobre ella descansa Itzam Yeh, el ave celeste.
Las figuras laterales retratan a los ajawo’ob (“gobernantes”) K’inich Hanab Pakal (conocido como Pakal el Grande) y su hijo y sucesor Kan Balam
II (Jaguar Serpiente II). La escena muestra una ceremonia en honor de la ceiba mítica que Kan Balam Il, la figura de mayor tamaño, realizó para su entronización en 684 d.C. Pakal, la figura de menor tamaño, fue incluido aunque ya entonces había fallecido, con el fin de que transmitiera su prestigio y poder ritual a su hijo y heredero.
La inscripción menciona primero el tiempo mítico del nacimiento de la Diosa Madre en 3121 a.C., la creación del universo en 3114 a.C. y el nacimiento del Dios Sol Celeste en 2360 a.C. Luego narra la historia de sucesos importantes relativos a los ajawo’ob de Palenque.